• Sra Racho

Mirarse de frente

Estaba preparando el post sobre Las lealtades y dando vueltas al siguiente. Tenía claro que sería Mirarse de frente (Sexto piso, 2019) de Vivian Gornick cuando leí tu post del pastel de patata: Añoramos el tiempo de las cartas, los matasellos y el papel. Por eso seguimos bajando cada mañana al buzón. Retomo tu frase porque me viene como anillo al dedo. Me lees la mente, Doe.


Escribir cartas es uno de los ensayos del libro de Gornick. No el que más me gustó, pero en él reflexiona sobre el impulso narrativo y sobre qué supone la escritura en la construcción personal y los vínculos.  Resisitiendo su tentación inicial de echarle la culpa a la tecnología y al mundo en el que nos ha tocado vivir, a partir de esos pensamientos sobre las cartas, lo que implica escribirlas y la constatación de que las llamadas de teléfono han acabado con ellas -habría que actualizarlo con el mail y los whatsapp- (el libro, pese a lo tarde que llegó aquí, es de 1996), construye la idea de comunicación expresiva, esa forma de narrar y no transmitir, reflexiva y no inmediata. Algo que estamos perdiendo y que una vez más supone posicionarse en el mundo, porque ese mundo contra el que despotricamos es el que, nosotros con nuestras decisiones, hacemos.

La carta, escrita en una soledad ensimismada, es un acto de fe; asume la presencia de otro ser humano; el mundo y el ser se generan desde dentro; la soledad se busca, no se teme. Escribir una carta es estar a solas con mis pensamientos, ante la presencia evocada de otra persona

¿Te has fijado que de las cartas y su valor iba también Can you ever forgive me? Da que pensar esta manía que tenemos, no? Después de todo, este blog no es otra cosa que un intercambio epistolar digital-multimedia. En lugar de bajar al buzón, yo abro el ordenador cada mañana a la espera de un nuevo post y escribo a solas con mis pensamientos ante la presencia evocada de quienes me puedan leer, especialmente de ti Doe, y a veces, del cerdo del quinto


Pero volviendo a lo que estabamos, Vivian Gornick es una escritora que pertenece a la denominada segunda ola feminista, otro de los temas, (porque es también su posición vital) de los que trata el libro. De forma específica en el primero de los ensayos, pero que lo atraviesa junto a la soledad en todos ellos.


Ya Apegos feroces, (Sextopiso 2017) la novela autobiográfica que la hizo famosa, y que ahora que lo pienso, también habla de lealtades familiares, me encantó. No todo el mundo puede mirarse en el pasado con esa mezcla de crítica y entendimiento, en el que no hay juicio pero tampoco condescendencia o autocompasión.


Como la anterior y La mujer y la ciudad (Sexto Piso 2018) que no todavía no he leído, Mirarse de frente llegó aquí con mucho retraso. Seguramente con la avalancha de libros que ha propiciado el me too y todo el movimiento feminista que despertó). Lo leí primero en catalán, y tuve que comprarmelo, esta vez en castellano. Su reflexión sobre la soledad y la ausencia me pareció brillante. Y esa soledad es el hilo conductor de las pequeñas historias personales y reflexiones que lo recorren. También lo es la escritura y su necesidad (la de Gornick) de utilizarla para conocer el propio caos interno y desde ahí, recolocar su visión de la vida y posicionarse en el mundo. En siete ensayos, arranca de anécdotas e historias cotidianas sus pensamientos. Mi favorito es Homenaje pero todo el libro está recorrido por un mirarse de frente, hacia dentro y en el otro, que la lleva a comprender sus contradicciones, no necesariamente universales, sino absolutamente genuinas y personales. que aunque no resulten populares, le permitan desde la convicción de que son propias, y no imposturas de clase, convertirlas en la coherencia íntima y personal que la sostiene.


Porque Mirarse de frente es un ejercicio muy valiente sobre las elecciones personales incluso cuando llevan a una soledad,  dolorosa, pero que acaba convirtiéndose en una elección buscada. Y esto es algo que está reservado a solo unos cuantos, porque tiene un precio que no todos estámos dispuestos a asumir.


Como dice Julia Markus de Los Angeles Times book Review, Gornick "Tiene la extraordinaria habilidad para volver sus ideas de carne y hueso."


Doe, te aseguro que con este libro te haces un mantel de frases bordadas y puedes reelerlo y volver a llenar servilletas y todo un ajuar de sábanas.


Te dejo la que a mí me pegó en toda la cara, porque me parece el resumen concentrado del libro y de las relaciones.(Ahí es nada).

El matrimonio promete intimidad; cuando no consigue proporcionarla, el vículo se destruye.

(Hoy no hago más que hacer conexiones. Me traigo aqui otro libro para la lista de pendientes del que tu me hablaste. Despojos de Rachel Cusk que se publica en junio y que ya me he comprado)

La comunidad promete amistad; cuando no consigue proporcionarla, la empresa se disuelve.
La vida del intelecto promete conversación; cuando no consigue proporcionarla, sus discípulos se vuelven excéntricos.

...


Una cosa lleva a la otra y últimamente todo son señales. Una lectura que me ronda y tengo pendiente desde hace un tiempo (no la película, que ya la había cogido en la biblioteca y ví en el confinamiento) es Hannah Arendt (parece que solo llegan a mis manos, y a mi cerebro, libros de  mujeres) y hoy en Babelia había un artículo sobre ella y su obra y la búsqueda de la coherencia personal.

Arendt se atrevió a pensar de forma genuina, controvertida e incisiva, siempre con voz propia: la única manera de pensar. Una mujer que escribía libros de esos de los que habla Gornick, que te dejan mirando al infinito con el libro en el regazo un buen rato después de haber vuelto la última página.


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