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The Crown: God Save the Queen



Después de la obra teatral The Audience y del filme The Queen parecía natural que fuese Peter Morgan el guionista y creador de la serie televisiva sobre Elizabeth II. Enorme apuesta la que Netflix realizó en 2016 con The Crown. Presupuestos millonarios (140 por capítulo, la hicieron la más cara de la historia en aquel momento), producción inmaculada y guiones milimétricos son las principales herramientas con las que construir un relato que recogerá seis décadas de reinado. Cien horas de televisión y seis temporadas previstas retratarán no solo la vida pública y privada de la familia Windsor, sino también, las relaciones con los habitantes del 10 de Downing Street y con otros personajes claves del siglo XX.


La reconstrucción histórica, subgénero capital de la ficción inglesa, se viene acercando a biografías monárquicas en diferentes ocasiones (The White Queen, The Tudors o más recientemente Victoria), pero en esta ocasión el reto era ficcionar sobre personajes mucho más próximos a los espectadores: tanto en esas audiencias privadas con los primeros ministros, como en las complejas relaciones familiares donde abundan secundarios habituales del papel couché. No hay deseo laudatorio. Morgan carga las tintas en las tensiones del matrimonio (Matt Smith y Tobias Menzies interpretan al duque de Edimburgo), en las traiciones fraternales (Vanesa Kirby y Helena Bonham Carter encarnan a la desolada princesa Margaret), en el relevo precoz tras la muerte del rey Geroge VI (magnífico Jared Harris), siempre con elegancia y cadencia tan propia de su ficción. Dicho de otro modo, el espíritu Downton Abbey anda presente.


Hasta el momento se venía subrayando la soledad de una mujer que con 25 años se encontraba al frente de una de las monarquías con más peso del planeta. A la frialdad que siempre definió el personaje se unían la contención y el sentido del deber representados con rotundidad por Claire Foy y Olivia Colman. Justificarlo era otra historia. La propia Lilibeth se lo exponía a su marido cuando, durante la primera temporada, negociaban la retransmisión televisiva de su coronación: “el pueblo fantasea con la realeza como idealización de un mundo”. Resulta más fácil contemplar los engranajes de una monarquía cuando nos es ajena, y no solo por coherencia republicana, sino por la calidad melodramática de la serie. También ha de pesar cómo convivimos con el pasado y con el presente. Con aquel programa de Spitting Image sospechamos que los ingleses saben cuando relatar y cuando satirizar lo suyo. (A los Borbones los veo más en línea sitcom, tipo Aquí no hay quien viva).


Las condiciones de producción de Netflix permitieron contar con directores estrella como Stephen Daldry (Billy Elliot o The Hours) e incluso que el rodaje de cada temporada se extendiese durante seis meses (algo más propio del medio cinematográfico), con fastuosas localizaciones en palacios, recreaciones exóticas y decorados exquisitos. No olvidamos que en su acabado visual, tanto las imágenes de archivo como las viejas filmaciones fueron un referente fundamental. El vestuario y las caracterizaciones de los personajes se ven muy beneficiadas y el subconsciente del espectador detecta todo como veraz.


Por todos esos factores nos declaramos fans de la serie. Hemos disfrutado de cada temporada, de cada avance en las tramas, del cambio de actores, de. la puesta en escena y del retrato de tantos personajes públicos del siglo XX... Sin embargo, debemos reconocer nuestra predilección: esperábamos con especial ansia que la acción se acercase a los tiempos convulsos de la abominable Thatcher (Gillian Anderson) y, sobre todo, del drama Diana (Emma Corrin) y Charles (Josh O’ Connor). En ello andamos estos días, con cierta sonrisa porque se haga justicia con la inquilina de Kensington (lo nuestro son las causas serias) Vistas las reacciones de otros espectadores famosos sabemos que no somos los únicos. En nuestro caso, disfrutándolo como cochinos en una pocilga (Spoty, Giovanne, no se pongan así. Les propongo té, manta y sofá en tarde de noviembre, apuesto que hasta ustedes se volverían monárquicos). A dos para el final ya entra el ansia, ¿Cuándo estrenan la quinta?





The Crown (Netflix, 2016-)

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