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Sentimental: La risa en el año de los balcones


Fue un año tan extraño, de proyectos en suspenso, de iniciativas canceladas, que las cintas que llegaban a salas y reunían a un público fiel en la butaca deberían presumirse como pequeños milagros. Esto no exime que la selección de las candidaturas de los Goya entregados a comienzos de marzo, fuese tan anodina como desacertada (lo de las 13 posibilidades de Adú de Mediaset es para repensalo todo). Mis preferencias recaían en los documentales El año del descubrimiento, Anatomía de un dandy o My mexican bretzel (al que ya dedicamos aquí unas líneas), y en un tiempo donde buscamos huir de la realidad semejaba más que significativo.


Sin embargo, puedo reconocer cierta querencia por Sentimental. Los conflictos de pareja protagonizados por personajes de clase media-alta, con marcado carácter urbano y, a menudo, reparto coral caracterizaron el cine de Cesc Gay desde sus comienzos. El último trabajo del director catalán adaptaba un texto teatral propio, Els veins de dalt, estrenado en Barcelona en 2015 y versionado en castellano al año siguiente. Cuenta la historia de Julio (Javier Cámara) y Ana (Griselda Siciliani), una pareja estable que llevan juntos el tiempo suficiente para haber perdido la pasión y que el aburrimiento ganase terreno. Una noche invitan a cenar a los vecinos del piso de arriba, Laura (Belén Cuesta) y Salva (Antonio San Juan), una pareja más joven y ruidosa en las prácticas sexuales, que despierta hondas antipatías en Julio.


El filme no oculta su origen teatral, y esa conjunción de dos parejas afrontando roces y tensiones entre las paredes de una casa me recordó a Un dios salvaje de Yasmina Reza (adaptada al cine por el propio Polanski). Eso si, en esta ocasión el enfoque de Gay se construye desde el prisma de la comedia donde, de hecho, el drama existencial como tal no llega a explotar, y ahí puede radicar una de las debilidades de la película. Sobresalen los aciertos en la construcción de personajes, la calidad del guion, de los diálogos escritos con descaro y credibilidad que desembocan en una montaña rusa verbal tan hilarante como absurda. Con planificación clásica, en la cinta palpita la invitación a la risa y la carcajada, y las interpretaciones del cuarteto protagonista están a la altura: el cinismo de Cámara, la arrogancia de Cuesta, el descaro de San Juan y la rebelión (y revelación) de Siciliani.


Sentimental es entretenida sin llegar a sonar ridícula, algo que a priori no parecía fácil.

Una vuelta de tuerca sobre eso de las relaciones humanas, de las mezquindades, de las frustraciones y de los deseos comparados con los de los otros. Algo incluso acorde con el año que más tiempo pasamos en pijama.



Sentimental (Cesc Gay, 2020)

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