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Pinocho: me daba a mí en el hocico


Dado a conocer internacionalmente con Gomorra (2008), adaptación de la novela de Saviano sobre los tentáculos de la Camorra, y aplaudido más tarde por títulos como Reality (2012) o Dogman (2018), Matteo Garrone estrenaba en la pasada Berlinale una nueva adaptación de Pinnochio. Nominada a 15 premios Donatello de los que consiguió 5 técnicos, llegaba tras semnas de confinamiento a las pantallas hace unos días. Si impensable era su director, el actor barajado para el papel de Geppetto llevaba también a sorpresa: Toni Servillo. Finalmente Roberto Benigni (quien se había acercado al clásico hace un par de décadas sin recuperar ni parte de los 45 millones de presupuesto de la locura), cogía el relevo como creador del burattino di legno; en una interpretación tan melodramática como viene siendo habitual en él (quien se sube a una silla para recoger un premio tiende, por norma, a la sobreaactuación).

En el guion junto a Garrone trabaja Ceccherini (quien también interpreta al zorro del cuento) apostando por una fidelidad casi total por la obra originaria. La estructura del filme acusa entonces el carácter episódico de cada una de las entregas de Carlo Collodi, publicadas semanalmente en un periódico a finales del XIX junto a las ilustraciones de de Enrico Mazzanti. La visión es mucho más oscura, sombría y siniestra que el clásico Disney, recordemos que la marioneta protagonista va a ser ahorcada, robada, golpeada, quemada y secuestrada, en un viaje extraño, fantástico y miserable hasta llegar a la resurrección.

A pesar de la encomiable dirección artística de Francesco Sereni, el diseño de personajes chirría con las desafortundas antropomorfizaciones de Pepito Grillo o la mujer caracol. El filme fracasa sobre todo en el tono, le hubiese compensado escoger mejor al público destinatario: demasiado cruel para el infantil, demasiado guignolesco para el adulto. Por si fuese poco para aguantar dos horas en la butaca, desatiende tanto el ritmo narrativo, como considerar la principal pulsión que movía al protagonista: la de convertirse en un ser de carne y hueso.

No os aflijáis, parece que para 2021, cuando nuestra nariz haya mudado por el uso de mascarillas, Robert Zemeckis y Guillermo del Toro compartirán nuevas interpretaciones del clásico de Collodi. La segunda de ellas en stop motion y con música de Alexander Desplat. Si cabe, para entonces merezca la pena la entrada.




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