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La amiga estupenda: El universo Ferrante en pantalla


HBO engrosa estos días su listado de producciones con la adaptación de otro fenómeno editorial, Patria de Fernando Aramburu. Aplaudo la calidad, del libro y de la serie, porque la necesidad de este tipo de temáticas sigue siendo evidente cuando hay quien, inconsciente, ignorante o becerril, afirma cosas como: “es una mierda, ya está bien de blanquear el terrorismo, aunque solo sea por la memoria de las víctimas” (que digo yo, que qué demonios ve/respira/odia esta gente). Vuelvo al hilo. Otro de los hitos de la cadena estadounidense fue el estreno en 2019 de La amiga estupenda, una coproducción con la RAI, rodada en italiano y en dialecto napolitano, sobre la tetralogía de Elena Ferrante (de regreso a las librerías estas semanas con La vida mentirosa de los adultos) una fastuosa recreación del barrio y vecinanza de Rione Luzzatti, en el Nápoles de los 50.

La historia había prendado al público lector -más de 30 millones de ejemplares vendidos- y el estreno del primer capítulo puso en pie la platea del Festival de Venecia. Con ese horizonte de expectativas solo esperábamos constatar que no nos estropeasen la mirada de Lenú. La adaptación respeta la delicadeza de su universo, su tono intimista acariciado tanto en la voz en off como en la fuerza de los silencios La autora participó en la escritura del guion junto al director, pero siempre defendiendo su anonimato (Ferrante es tan solo un alias y cada una de las modificaciones y propuestas se hicieron por correo electrónico). Según Constanzos no se llegaron a conocer en persona. Completan el cuarteto: Francesco Piccolo (habitual de Nani Moretti) y Laura Paolucci (productora de Gomorra). Casi nada.

Con un presupuesto de varios millones de euros la puesta en escena es poderosa. Casi 150 actores (once tan solo para interpretar a la pareja protagonistas), muchos no profesionales con audiciones locas a más de nueve mil niños, cinco mil extras y un set de 200 mil metros cuadrados en los que se recrean los edificios y comercios del barrio, la iglesia y el túnel… La fotografía de Cianchetti (galardonado por trabajos coma Soñadores de Bertolucci) carga la monocromía de los primeros años de infancia, de esa atmósfera asfixiante y opresiva donde la precariedad laboral, la injusticia social y el machismo gobiernan. Con el paso del tiempo y la vida, el color irá llenando secuencias como las transcurridas en Ischia. (Durante la segunta temporada, hasta el momento la última emitida, me enamoré muchísimo de ese momento en el que sonaba Gino Paoli. OJO, spoiler). Como emblema estético el rigor documental de cientos de objetos de atrezo comprados en mercados de antigüedades o la inspiración buscada en la consulta de álbumes fotográficos para los habitantes del barrio.

Ocho episodios por temporada, una por cada libro de la saga, hasta alcanzar los treinta y dos, en un viaje sobre rivalidades, decepciones, sexualidad y política en la Italia de los 60 y 70. También sobre la importancia de la educación frente a la pobreza y la asfixia. Cuando compré las novelas mi librero preferido confesaba: “muchos dicen que no les gusta pero vuelven para pedir el resto. Para ver cómo acaba la historia”. Cientos de páginas dan para profundizar más y mejor en los retratos de los Solara, los Carraci y los Cerullo, pero la calidad de la adaptación televisiva acabará por convertirla en un clásico.


La amiga estupenda (HBO-RAI, 2019-)


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