• Spoty Six

EL ROSARIO DE LA AURORA

Sigo con el humor y sus funciones, como la de desdramatizar un suceso trágico, y sus formas.


Srta Doe, Sra Racho, querido Giovanne, estoy últimamente muy metido en esto del humor y entender como funciona la risa. ¿Sienten algún tipo de empatía por la pobre víctima o la distancia provocada por la narración no lo permite? ¿Pueden ver algo de crítica al sistema o el modo en el que está escrita lo impide? ¿las imágenes vívidas hacen gracia o provocan repulsión? Díganme.


El rosario de la Aurora


Durante los meses de gestación de su segundo vástago, Aurora padeció diversas dolencias que la hicieron entrar y salir del lecho, una semana sí y otra también. De tan diversas y desapacibles experiencias la de consecuencias más evidentes fue, sin lugar a dudas, la inflamación que sufrió en los plexos del tejido submucoso que contenían las venúculas y arterias superficiales de su conducto anal.


Parece mentira que a pesar del paso de los siglos y los avances que ha habido en medicina, siga existiendo este suplicio. Y aunque ya los papiros egipcios del siglo I d.c. que Arthur Hunt y Bernard Grenfeld de la Universidad de Oxford descubrieron en 1898 en Oxirrinco, proporcionaban una receta para este tormento, son muchos los que, en algún momento de sus vidas, lo siguen padeciendo. Se especula incluso con que, esta enfermedad fuese la razón por la que el refrán mal de muchos, gozo es, llegase desvirtuado a nuestros días.


Pero algo tan nimio, que en un primer momento solo exige un pequeño empujoncito que ponga las cosas de nuevo en su sitio, puede llevar a una persona a pasar su tiempo mirando a Cuenca entre palanganas hasta acabar, por una cuestión de gravidez, en un cuadro de nivel cuatro (que, para el que nunca haya tenido ocasión de presenciar el espectáculo, se parece a uno de esos anillos con rosario de la Virgen Milagrosa que se utilizan para rezar por el fin de todos los males del mundo). Sin lugar a dudas, un nuevo mundo de sensaciones que hacen apreciar los pequeños detalles.


Así las cosas y ante la nueva perspectiva, Aurora se acercó al centro médico más cercano. Allí la hicieron pasar por todos los departamentos, donde no habían visto nada igual en los diecisiete años que llevaba funcionando. La miraron compungidos y acompañándola en su dolor, le recomendaron acercarse al complejo hospitalario de la ciudad y entrar por urgencias. A ver si allí, algún experto tenía la cura para sus males.


Hacia allí dirigió sus pasos, y, nada más llegar, la metieron en una sala pequeña, oscura y fría tumbada en una camilla donde, con el culo en pompa, tuvo que esperar. Es curioso notar el número de ramas médicas especializadas en una parte del cuerpo humano tan pequeña y con un uso tan concreto. En un momento se reunieron alrededor de Aurora, una comadrona, un ginecólogo, un proctólogo, un gastroenterólogo y seis M.I.R. en prácticas que rodearon a la mujer, lo cual no era fácil, dado el contorno que en su preñez había desarrollado. Aunque parezca un chiste, a ella no le hizo ninguna gracia. Sobre todo, cuando se enzarzaron en una disquisición sobre el tamaño, color y textura de sus apéndices mientras, enfundados en guantes antisépticos, exprimían una parte tan delicada, preguntándole si le molestaba.


Y es que no siempre la profesionalidad médica se acompaña de empatía y a veces se olvida que detrás de las patologías y los casos clínicos hay algo más que una posibilidad de publicar un artículo en una revista científica. Hay una persona que sufre, con familiares que tienen que padecer injurias e insultos, mientras el paciente se retuerce de dolor hasta encontrar una postura que no le recuerde que, una vena estrangulada, le impide sentarse.


Aurora cerró los ojos y recitó “Si me las pinchan, acaso no sangro? Si me hacen cosquillas, no río?, soy igual que ellos y sin embargo solo pueden ver las perlas de mi rosario. Si siguen tocando comprobarán, además que si me agravian, clamo venganza”. Qué tipo de cuestión era esa, se preguntaba. Le estaban introduciendo las falanges por el recto y, excepto en algunas prácticas a las que ella no era asidua, aquello no era agradable para nadie. Le costaba entender que, para los allí reunidos, no era más, que un caso de estudio, y le extrañaba que no vieran a la persona que había detrás del racimo. Ella era consciente de que las uvas que sobresalían eran grandes, pero en su octavo mes de gestación se había convertido en un cetáceo que, con la mitad de su cuerpo fuera de la camilla, resultaba difícil no ver.


Un hombre de pelo cano y voz grave la sacó de sus reflexiones. Se dirigía a los médicos en prácticas y, después de la clase magistral sobre la particular dolencia, invitaba a los internos a sajar uno de los anexos, que dada su dureza y constricción, se había de extirpar.


Uno de los discípulos agarró el bisturí y con ojos perdidos, reconociendo que nunca había hecho algo parecido, aceptó el ofrecimiento. Después de dormir la zona con un anal-gésico inyectado, acabó con parte de las protuberancias que tantas horas de sueño le habían quitado a la pobre mujer. En ese breve lapso de tiempo, Aurora, con los ojos cerrados, mientras rezaba, vio pasar su infancia, juventud y madurez e incluso se imaginó su muerte. Después, para su sorpresa, sintió un breve alivio al notar que, al menos, una parte de su cuerpo, por fin, se desinflaba.


Que sus posaderas sirviesen como práctica hospitalaria de seis residentes de proctología no es tan remarcable como que Napoleón perdiese la batalla de Waterloo por no poder montar a caballo, o que Karl Marx tardase en escribir el Kapital por no aguantar mucho en una silla, pero fue determinante para que, un mes después, Charito viniese al mundo con el camino un poco más despejado. Y es que, hasta los más ilustres personajes sufren en silencio de las enfermedades más viles. Después de todo, la Historia no se escribe en base a grandes hechos. Son este tipo de anécdotas las que en realidad, marcan nuestros destinos.


Nota. Esta historia está basada en hechos reales. Algunos nombres han sido substituidos para preservar la identidad de los protagonistas.

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