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Cartas a Roxanne: el escriva y la musa



Con un vecino poeta (Spoty Six) y otro casanova (Cochino Jabalí) la entrada semanal semejaba clara. Propongo tomar algunas notas y dedicar la tarde de domingo a celebrar una representación teatral; dan lluvia y sé de quien le está cogiendo cariño a las pelucas... Pasen y lean, por si puede servir de inspiración.


El pueblo francés vive y revisita de continuo sus referentes culturales: personajes, dramas y versos son entendidos como acervo de la comunidad sin atender a clase social o condición. El respeto por la Comédie-Française refleja ese sentimento de orgullo sobre la cultura propia. A pesar de haber sido escrita a finales del XIX Cyrano de Bergerac acumula representaciones teatrales cada año para unirse al ciento de versiones operítiscas, cinematográficas, cómic o ballet.

Alexis Michalik trabajó durante más de una década en la escritura de Edmond, una fantasía teatral sobre Rostand y el proceso creativo del espadachín narigudo. El proyecto fue compensado con cinco premios Moliére en 2017 y con la adaptación cinematográfica de este filme que, a pesar de ser presentado en el festival de Montreal de 2018, llegó a las pantallas hace pocas semanas. El aspecto más destacable de la propuesta son los paralelismos, la dualidad de la acción entre bambalinas y más allá de la escena. El contrapunto entre la representación y la recreación, una frontera dinamitada en la escena metafórica de la muerte de Cyrano (rodada no sobre las tablas, sino en un claustro conventual). Presta especular donde se encontró la inspiración para lances de versos como “no, gracias”, la parodia de su nariz o la correspondencia entre Roxanne y Christian.

Ese París finisecular se recrea con acierto (el diseño de producción y vestuario fueron nominados en los últimos César) a pesar de que los exteriores fueron rodados en las calles de Prafa. Un 1897 de la Belle Époque donde aún palpitan los ecos del incendio del Bazar de la Charité y desfilan divas, dramaturgos, escritores y cineastas: Sarah Bernhardt (Clementine Célarié), Constant Coquelin (Olivier Gourmet), Georges Feydeau (el propio Michalik), Anton Chejov (Micha Lescot) o Georges Méliès (Arnaud Dupont). El filme opta por un estilo convencional, pero los guiños, las constantes referencias extraliterarias y la recreación del mito están dibujados con simpatía y buen ritmo. Si os quedáis hasta el final de los créditos cerraréis el homenaje gozando con grabaciones de Cyranos teatrales y cinematográficos, desde Coquelin y Depardieu. Después caerá el telón.

Spoty, Cochino, ¿quién hará de Christian y quién de Cyrano?



Cartas a Roxanne (Alexis Michalik, 2018)

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