Borgen: lo que tal cambió Elsinor
- Srta. Doe
- 2 nov 2020
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Una lĆder centrista, tras una compleja coalición de partidos e intereses, llega a Primera Ministra sin haber ganado las elecciones. En cierto contextos, (el nuestro, mismamente) sonarĆa a ciencia-ficción, pero en el caso de Dinamarca describe la magnĆfica narrativa de Borgen. TambiĆ©n lo acontecido durante la emisión de la segunda temporada en 2011, cuando por primera vez una mujer, Helle-Thorning-Schmidt, formó gobierno tras encabezar una coalición imposible. Le llaman premonición. Ha de influir, ademĆ”s, la propia genĆ©tica de un paĆs acostumbrado a las transacciones entre partidos e ideas -desde 1909 ninguno obtuvo la mayorĆa absoluta-, en el que el diĆ”logo y la negociación son marca de la casa. TambiĆ©n la nula corrupción polĆtica, el generoso estado de bienestar o las virtudes pacifistas de su sistema parlamentario.
Las tres temporadas de Borgen conforman, junto a Forbrydelsen (2007-2012) y Bron/Broen (2011-2015) la trĆada por excelencia que la narrativa danesa exportó a la televisión de otros paĆses. Sin embargo, si estas Ćŗltimas cuentan con sus versiones estadounidenses -The Killing y The Bridge, respectivamente- dudamos que la figura de Birgitte Nyborg tenga correspondencia en aquellos u otros paralelos. Desde el Jed Bartlet que Aaron Sorkin perfiló en la icónica The West Wing (1999-2006) ningĆŗn personaje habĆa tomado de un modo tan rotundo el relevo polĆtico como el carismĆ”tico Underwood de House of Cards. Pero donde el protagonista de Kevin Spacey bebe de la crueldad, de la falta de escrĆŗpulos, de las intrigas propias de una tragedia shakesperiana -y de las que nos hace partĆcipes rompiendo de modo constante la cuarta pared-, la intĆ©rprete Sidse Babett Knudsen construye el suyo sobre el consenso, las tramas mundanas y las conspiraciones creĆbles. No es de extraƱar que los politólogos -incluso Stephen King, quien se declaró fan- aplaudan la madurez polĆtica de la propuesta. Los guiones apuntan asuntos incómodos de la sociedad danesa actual como el menosprecio hacia lo groenlandĆ©s, el sistema de salud o la polĆtica militar en AfganistĆ”n. Aquel Elsinor queda lejos, pero un códito Ć©tico fĆ©rreo no debilita la fuerza de su narrativa y sus personajes. No hay cinismo pero tampoco almĆbar.
Cada uno de los capĆtulos comienza con un aforismo de Maquiavelo, Churchill o Sun Tzu, una reflexión sobre la que se profundizarĆ” en los sesenta minutos siguientes. La defensa de la polĆtica como forma de mejorar la sociedad es, sin duda, el axioma (tantas veces olvidado) sobre el que reposa la serie. Junto a Ć©l se esconde la disonancia entre esa labor pĆŗblica casi virtuosa y la vida privada no exenta de amargura. La complejidad de su faceta Ćntima da luz sobre los personajes secundarios como sus hijos y su marido, asĆ como los cambios que amenazan sus vidas (me acordĆ© del relato de Spoty). La serie redunda en ese retrato de algunas sociedades contemporĆ”neas donde la conciliación entre vida laboral y familiar se vislumbra imposible.
Junto a la polĆtica y la familia encontramos un tercer pilar: el de la comunicación. El cuarto poder se representa por dos personajes coprotagonistas: Kasper Juul (Pilou AsbƦk), asesor y jefe de prensa de la protagonista, redactor de sus discursos (ojo, a la cita a Theodore Sorensen) y conocedor de las estrategias e hilos del poder, y Katrine Forsmark (Birgitte Hjort SĆørensen), estrella del informativo de TV1 y brillante periodista de investigación que pernocta en un pequeƱo apartamento presidido por el cartel de quel filme de J. Pakula (Todos los hombres del presidente). La sutileza con la que va perfilando los personajes mediante citas y apuntes permite que cargue las tintas sobre otros temas propiamente periodĆsticos como la libertad de expresión, la independencia o el sensancionalismo.
El tĆtulo de la serie remite al nombre con el que se conoce el Palacio de Christiansborg, en la illa de Slotsholmen, donde residen los tres poderes del Estado y la oficina del Primer Ministro danĆ©s. En ellos fueron rodados sus exteriores pero, como las cĆ”maras estĆ”n prohibidas a excepción de para la prensa, el resto de localizaciones corresponden al Ayuntamiento de Copenhague. Borgen es, ademĆ”s, un drama inteligente, conciliador y amargo. Lo que nos contaron que era la polĆtica. Cuando se ponen de acuerdo, incluso. Y, aunque rematada hace aƱos, los productores prometieron que en 2021 traerĆa una esperadĆsima cuarta temporada. Sostened las mascarillas que la espera valdrĆ” la pena. Seguro.
Borgen (DR Fiktion, 2010-)



