Blue Jay: La (id)entidad de lo que fuimos
- Srta. Doe
- 12 abr 2020
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 20 may 2020
Un esquema de diez páginas fue suficiente para que Netflix accediese a producir y distribuir en 2016 la pelÃcula de Mark Duplass. Tras este esbozo y gracias a la capacidad de improvisación de los protagonistas la historia transcurre con fluidez y naturalidad en menos de hora y media. No se precisan ni más minutos, ni más verdad. Fui cómplice de esas dos almas y de su accidental reencuentro. Jim (el propio Duplass) y Amanda (Sarah Paulson) regresan a su ciudad natal en Crestline –él para vender su casa materna después de la muerte de su madre, ella a punto de ser tÃa visitando a su hermana- y tropiezan tras veinte años sin verse.

El filme construye un relato hermoso, sincero, sobre la identidad de lo que somos y fuimos, de cómo reconstruimos los tiempos y a quien quisimos. Huyendo de tediosos convencionalismos hollywoodienses construye la historia filmando en blanco y negro, con solo dos actores y un presupuesto modesto. Excepto alguna secuencia de exterior en tierras californianas el rodaje no superó la semana de duración. Duplass cedió la dirección al novel Alex Lehmann quien también se encargarÃa del trabajo fotográfico: “el ansia e ilusión de los comienzos son garantÃa de fuerza", defendÃa el guionista y actor. Estrenada en el Festival de Toronto y tras algunos meses de exhibición en EEUU duerme en la despensa de Netflix (no me digáis que sus algoritmos os descubren algún tÃtulo interesante). Las crÃticas subrayaron la quÃmica de la pareja protagonista, la interpretación de Sarah Paulson y los ecos de la trilogÃa Before… de Richard Linklater. En el arranque del filme, en esa secuencia de encuentro en el supermercado, fue fácil recordar Nine lives (2005) en la que Rodrigo GarcÃa jugaba a demiurgo reencontrando a Robin Wright e Jason Isaacs.
Me parecerÃa ruin no reconocerles la calidad de los diálogos, las miradas y las improvisaciones de una pareja que salta sin red. Puede ser que desde el voyeurismo transitemos por el dolor, la felicidad e incluso el pudor al mirar la intimidad de los otros. Algunas conversaciones, las que conmueven y remueven, deberÃamos tomarlas como regalo en esta sociedad del ruido. Sobre todo si, digan lo que digan, volvemos a observar aquel nosotros cuando el otro cobra entidad.
Blue Jay (Alex Lehmann, 2016)



