• Spoty Six

Oda a un casero. Humor, exageración y absurdo

A veces uno se cabrea y le da por escribir sus desgracias, ser irónico consigo mismo y reirse para sobrellevar las penas.


El absurdo y la exageración sulene surtir efecto. Yo los uso para lidiar con mi casero, auqnue a veces lo mejor es mandarlo todo a la porra y empezar de nuevo. Hay guerras que mejor, simplemente, no lucharlas.


Oda a mi casero


Un hombre, que resultó ser mi casero, tenía la peor suerte del mundo. Le encantaba trabajar y cumplir con sus responsabilidades pero los planetas se alineaban en su contra y no podía. Él siempre decía que sí cuando le pedían algo, ¡menudo era!, y después todo se torcía.


Que tenía que vaciar la casa para que pudiéramos hacer la mudanza, su cuñado, que le iba a dejar la furgoneta, estaba pasando un mal momento, se iba a divorciar y no lo podían dejar solo; Coincidía con el cumpleaños de su mujer y tenía que celebrarlo o se moría el suegro de su cuñada que vivía en Murcia y tenía que ir al entierro. Cuando por fin nos establecimos y movimos un armario que nos había dejado, la mala fortuna hizo que detrás encontráramos un agujero en la pared de un metro de diámetro que se había olvidado comentarnos que existía.


A veces incluso, para que se hagan idea de su buena intención, se ofrecía a venir a resolver los problemas. Pero cuando el destino está en contra de uno, no se puede luchar contra él. Se ofrecía a traer una estufa nueva porque todavía no había llegado el combustible que había encargado para la caldera, su Facebook informaba de que su abuela se había cortado una mano mientras hacía leña del árbol caído. Venía cargado de herramientas para arreglar la puerta que no cerraba, la corriente era de 220 y el taladro de 200… Que el friegaplatos no funcionaba, whatsapp sin palabras de ”retrato de hombre con muletas”. Él quería acudir cuando lo llamábamos, pero es que no podía.


Además, las compañías de suministros lo ignoraban por mucho que les llamara. Sólo cuando dio la orden de que nos pasaran los recibos a nosotros por el banco pudo hablar con ellos, después cada vez que contactaba para que nos pasarán las facturas en papel, la odiosa musiquita de espera era la única respuesta que recibía.


También en el trabajo se conjuraban contra él, le pedían que entregase proyectos de cien mil páginas de un día para otro y sin previo aviso que lo dejaban sin poder responder ni una llamada durante largas temporadas. Una vez lo llamamos para venir a arreglar una ventana, y como era un hombre consciente de su suerte, estuvo esperando quince días hasta que una rueda de camión se le cruzó en la autopista y se quedó sin coche. Otras veces ocurría mucho más rápido y entonces, al momento respondía con una foto de sus desgracias. Que había una gotera en el tejado, mandaba, ufano, una foto de su hijo en el hospital lleno de cables que demostraban que nada le gustaría más en el mundo que acudir a arreglar la cubierta, pero como la imagen mostraba, no iba a ser posible.


Cuando lo llamabas porque empezabas a sospechar que te tomaba el pelo y querías hablar con él para ver que se podía hacer, su hija pequeña le tiraba el móvil a la piscina y ni el arroz en un vaso hacía posible recuperarlo, y además su ordenador se quemaba en una tormenta dejándolo sin correo durante una semana.

Si te presentabas en su casa desesperado, lo encontrabas en la cama, tapado hasta las orejas con una enfermedad super contagiosa que te impedía incluso hablar con él con una pared de por medio. Y aunque se recuperaba milagrosamente de todas sus dolencias los primeros días de cada mes, nunca encontraba sitio para aparcar y eso le obligaba a salir pitando después de cobrar para que no se llevara el coche la grúa.

Y lo peor está por llegar, sé que en cuanto le diga que se ha estropeado la caldera, la maldita falla que pasa por debajo de su casa, se moverá y se le caerá el techo encima.



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Vecinas de escalera.

Charlas en el descansillo de la escalera. Cine y series, libros y Literatura infantil y juvenil. Blog con reseñas, recomendaciones y apuntes.

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