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Captain Fantastic: La utopía de los bosques



Viggo Mortensen (premio Donostia de este año) es Ben Cash, el patriarca de una familia que vive desde hace diez años en los remotos bosques de Oregón. Una tragedia provocará que deba abandonar, junto a media docena de hijos, su modo de vida en comunión con la naturaleza para volver a la “civilización”. Pero asimilar la nueva situación y adaptarse a la sociedad moderna no va a resultar fácil... Dirigida y escrita por el actor Matt Ross, la película juega a mezclar el divertimento con la reflexión en un narración donde los ecos de Thoreau se convierten en axiomas vitales: “el verdadero fundamento de la libertad es la desobediencia”. Vivir apartado de la sociedad y buscar la armonía con el contexto estaba ya presente en la trama principal de Into the Wild (Sean Penn, 2007); adaptación de la novela de John Krakauer sobre la historia real de Christopher McCandless, quien abandonó todo para sumergirse en la naturaleza y encontrar el sentido real de la vida. Incomprendida para algunos por la elección incómoda de la que partía; no fueron pocos los que se interesaron y aplaudieron la decisión de McCandless, tanto como para convertir el "Magic Bus" instalado en un parque natural de Alaska en lugar de culto. 


La propuesta de Captain Fantastic bebe directamente de la ficción y con esa libertad carga las tintas de modo repartido: por momentos en la comedia, en los contrastes entre el modus vivendi más ácrata y los excesos del consumismo; otros, en la reflexión e introspección desde donde contempla a estos seres libres y excéntricos; y finalmente, para disfrazarse de fábula –lástima que su final no sea un poco más oscuro, menos dulce, para que algunos la tomen en serio-. En la profundidad del bosque asistiremos a los fundamentos de una educación peculiar que conjuga tanto ejercicios de supervivencia propios de John Rambo (ojo al ritual de iniciación con el que arranca el filme), como lecturas enriquecedoras -Dostoievki (Los hermanos Karamazov), Nabokov (Lolita) o Eliot (Middlemarch)-, aprendizaje musical o la celebración del día de Noah Chomsky frente a la Navidad tradicional.


La cinta se une a nuevos modelos familiares retratados por el cine indie Little Miss Sunshine (Dayton y Faris, 2006) o Juno (Reitman, 2007)- pero también a cierta estética andersiana en la excentricidad de estos antisistema. El retrato triunfa por el óptimo trabajo actoral de los hijos, del siempre elegante Frank Langella y del propio Mortensen, quien sabe compaginar severidad y fragilidad en el papel protagonista. Fue premiada por el público en Deauville y Karlovy Vary y al mejor director en la sección Un certain regard en Cannes. A pesar de sus flaquezas (la secuencia del Sweet Child O’Mine) el filme refleja, en una bofetada al capitalismo y la estupidez de la que nos rodeamos, un sentimento de naufragio de la sociedad que no dejará indiferente.



Captain Fantastic (Matt Ross, 2016)

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